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"Ya no se canta en los colegios, y tampoco en la familia"

"Ya no se canta en los colegios, y tampoco en la familia"

Por Javier Cano - Agosto 28, 2022
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Entre actuación y actuación, la soprano giennense Alfonsi Marín disfruta también de sus vacaciones como docente en el campo de Jaén, ciudad que ama a rabiar hasta el punto de que, cante en italiano, alemán, sefardí o español vallisoletano, su inconfundible voz suena (y hasta huele) a mar de olivos. Una clásica de aquí comprometida con su tierra que, hoy, da el do de pecho como protagonista de nuestro Zoom dominical. 

Diva jaenera de rasgos nórdicos, mirada de río y elegancia de opalina, la artista recibe a Lacontradejaén en una paradisíaca casa familiar de verano del Jardín del Obispo, con los zumeles y Jabalcuz al alcance de los dedos, un paisaje cotidiano que ni pintado como telón de fondo para la delicadísima Acis y Galatea de Haendel. Aquí, el calor se difumina y deja paso a un fresquito de paseo marítimo (lo dicho, de mar de olivos).

—De Jaén Jaén, para muchos tan del paisaje de la capital de la provincia como la Cruz del castillo o la marcha de El Abuelo, pero su DNI y las biografías que circulan por la Red lo desmiente, Alfonsi: es usted quesadeña. 

—Sí, nací en Quesada pero vamos, nací, me bautizaron, mis padres se trasladaron a Jaén por motivos de trabajo y desde entonces vivo en Jaén. A mí me gusta decir que soy de Quesada, estoy muy orgullosa de ello, pero Jaén es mi sitio. 

—Se parece usted en eso a Josefina Manresa, la esposa y musa de Miguel Hernández.

—Es verdad.

—¿Hija de guardia civil también, o no llega a tanto la coincidencia?

—No, él ha trabajado en la sevillana como administrativo. 

—Vamos, que tampoco ha sido músico su padre precisamente. 

—No, en mi familia no ha habido ningún músico profesional; mi madre me cuenta que mi abuelo tocaba la guitarra, pero en cosas muy familiares y nada serio. Yo fui la primera, y ahora mis hijas Violeta y Natalia [creadoras del Dúo de la Nena]. 

—Segunda de tres hermanos, uno de ellos profesor universitario y el otro abogado, no ha sido usted la oveja negra pero sí la cantarina, la más bohemia de la casa, ¿no?

—Sí [ríe], la que se salió un poco del plato, siempre fue una aptitud que tuve desde niña, mi madre me decía que cantara y yo cantaba sin ninguna vergüenza. La verdad es que esa ha sido mi vida, cantar y actuar.

—¿Y siempre en el género lírico? ¿Esa ha sido su voz toda la vida, desde pequeña?

—No, tenía primero una voz de niña, aunque me acuerdo de que mi madre me hacía hacer el dúo de La verbena de la Paloma con mi hermano, o sea que empecé cantando quizá zarzuela, y luego ya fui cantando de todo: en la parroquia de San Pedro Pascual, que es donde me crie y cantaba allí; luego terminé la carrera de Canto en el Conservatorio de Jaén, cuando empezó el canto...

—Con María del Consuelo Santa Bárbara...

—Sí, con Consuelo Santa Bárbara, unos años maravillosos al lado de ella, una gran persona, una gran mujer, una gran profesora y una gran artista.

—¿Cree que la figura de su profesora de Canto, de esta jaenerísima soprano, merece el reconocimiento que desde distintos foros se pide para ella desde hace tiempo? 

—Sí, por supuesto que lo merece y había que hacérselo, ella sí que ha sido la pionera de la ópera y del canto lírico en Jaén, y de ella hemos ido saliendo, de la escuela de ella, muchísimos alumnos. 

—Volvamos a su infancia y adolescencia, señora Marín. Un hogar, entonces, sin tradición musical conocida pero donde cantar era costumbre.

—Sí, nunca me dijeron que no, si quería tocar la guitarra, pues la guitarra; si quería tocar la bandurria, pues la bandurria, que quería cantar en el coro..., ellos me han apoyado siempre. No había tradición familiar, no como mis hijas, que es lo que han visto en mi casa. 

—Estudió, se formó... ¿Qué llegó primero, la docencia o los escenarios?

—Yo he actuado desde pequeña, desde niña, incluso en convivencias y congresos internacionales en España y fuera de España, pero como cantante lírica, a la vez que estudiaba teníamos nuestras audiciones y nuestras actuaciones, y luego ya, cuando terminé la carrera en Jaén, por supuesto la docencia y compaginando la labor artística con la enseñanza. 

—Y así hasta hoy. ¿En qué función se siente más cómoda, enseñando o actuando?

—Por supuesto, una artista tiene que tener, primero, un bagaje encima del escenario, porque si no solo puedes transmitir técnica a tus alumnos, enseñarles cómo se canta, pero el canto es algo más, es interpretación; entonces, si tú no tienes esa experiencia encima del escenario difícilmente puedes transmitirlo a los alumnos. 

Profesora en la Escuela Municipal de Música 'Manuel Rosa' de Mancha Real durante quince años, a día de hoy imparte clases de Canto en el Cemmec (Conservatorio Privado y Escuela de Música 'Maestro Emilio Cebrián'). Cofundadora de la Companía Lírica Andaluza, en la que militó durante un lustro, estuvo detrás también de la creación del grupo Xauen Lírica, en 2003, en el que continúa actualmente.

—Además de Canto, estudió usted Magisterio, es decir, que lo de enseñar también tiene mucho de vocación en su vida, ¿verdad?

—Sí, estudié Magisterio, de hecho empecé en su coral y ahí fue una de las compañeras de la coral la que me dijo: "Alfonsi, matricúlate ahora mismo en Canto, que ha empezado en el conservatorio". 

—Pero profesora de Música en conservatorios, academias, centros musicales..., nunca ha sido usted lo que se dice una maestra de escuela, ¿o sí?

—Sí, sí, trabajé en el 'Andrés de Vandelvira' cuatro años, nada más terminar, porque hice allí las prácticas, y di clases de Música allí. He trabajado también en Guadalimar, en muchos colegios, y me encanta. Para mí es un placer poder transmitir mis conocimientos a mis alumnos. 

—Conocimientos que no se reducen únicamente al género lírico, por su clases pasan roqueros, poperos, melódicos...

—No, claro, yo enseño técnica vocal para todos los géneros, incluso sirve para el flamenco, que yo no enseño, porque no soy cantaora. Pero sí es verdad que todos los alumnos que han venido a mí desde el flamenco han aplicado la técnica y les ha servido para no hacerse daño, para aprender a respirar; el flamenco es muy desgarrado y se estropean mucho las cuerdas vocales. Yo doy clases de cualquier estilo. 

—¿De reggaeton también? Es el último grito y seguro que le llegan alumnos deseosos de aprenderlo.

—[Ríe]. ¡Ahí me has dado! Para mí, eso no es música. Musicalmente hablando, eso no es música, es ritmo; textualmente hablando es machista, utiliza a las mujeres como un objeto, estoy totalmente en contra. Cuando algún alumno me viene con ese tema, le explico mi opinión y luego, ellos, van dándose cuenta, solos, de lo que es. A ellos les gusta lo que oyen, si en la radio ponen solamente reggaeton, pues eso es lo que conocen. Mi adolescencia fue en los 80, y ¿qué nos gusta?, la buena música de los años 80 tanto inglesa como americana o española. Ellos no aprecian otro tipo de música hasta que no se la dan a conocer, entonces comprenden. O a lo mejor no le dan importancia a las letras, porque están acostumbrados a escucharlas, es como beberse un vaso de agua, pero cuando una persona se lo razona... 

—¿Qué tal está la cantera giennense? ¿Saldrá, pronto, alguna estrella de aquí?

—En Jaén hay muchísimo talento y claro que sí saldrán, hay gente ya fuera, y alumnos míos que han estudiado fuera, en Alemania, alumnos que son conocidos ya. Jaén tiene muchísimo talento. 

—Se refiere usted a esos alumnos como una madre hace con sus hijos...

—Por supuesto, es que para mí es un orgullo ver cómo mis alumnos avanzan, incluso que me superen a mí. 

—Hablando de fuera, del extranjero. Alfonsi Marín ha pisado escenarios de buena parte del mundo, pero al final siempre ha terminado regresando a Jaén. ¿No le ha tentado una carrera internacional, establecerse en los epicentros musicales del mundo?

—Por circunstancias familiares vivo aquí, trabajo aquí y tengo aquí a mi familia. No se me ha dado el caso de tener que salir fuera de Jaén; puntualmente sí, por supuesto, he ido de gira o he tenido conciertos dentro o fuera de España, pero no se ha dado el caso.

—Y aquí en Jaén, ¿es feliz? ¿Se siente colmada personal y profesionalmente?

—Muy contenta. Estoy luchando, me gustaría que hubiera mucho más movimiento, muchos más conciertos, pero bueno, ahí estamos, luchando. 

—¿El periodo estival es también propicio para el género en el que usted trabaja? ¿Cómo anda su agenda veraniega?

—Por supuesto, claro que sí, hay muchos festivales, incluso en la provincia de Jaén hay muchas citas de música antigua, de música barroca, y la gente cada vez tiene más aprecio a la música lírica, que la verdad que en Jaén era un poco desconocida. Se va despertando el conocimiento de este tipo de música y la gente la aprecia cada día más. De hecho, en el último concierto en Huelma, con Xauen Lírica, era un repertorio que el público quizá no lo había escuchado nunca, música andalusí, sefardí, romances y cantigas de Alfonso X el Sabio, y la verdad es que fueron entrando en el concierto y cada vez disfrutaron más. Por sus aplausos y sus felicitaciones pude comprobar que les gustaba. Decían: "Nunca habíamos oído esta música, pero nos sonaba, está en nuestras raíces".

—Señala usted líneas arriba que está encantada de estar en Jaén, pero que está luchando. Viene al pelo este gerundio para la siguiente pregunta, porque cualquiera que se pasee por sus redes sociales se da cuenta enseguida de que es usted, además, una mujer comprometida con su patria chica, que le duele su tierra.

—Mucho, cada vez más, sí. Vivo aquí, Jaén tiene muchos valores en todos los sentidos, una gran riqueza paisajística y monumental y de personas, y me gustaría que se valorara más, que no fuéramos los últimos siempre, que se acordaran de nosotros.

—Que se valorara más su tierra, dice... ¿Desde fuera, o también desde dentro? Mahoma escribió que la autoestima puede ser destructiva pero, como cantaba Luisa Linares, "hay quien dice de Jaén" que se quiere poco a sí mismo, que le falta eso precisamente: autoestima. 

—De las dos partes. Desde nosotros mismos, que nos sepamos valorar más y así, si nos valoramos nosotros más, nos valorarán más lo de fuera. 

—Otro salto, Alfonsi. Al principio de esta entrevista hablaba de sus hijas Violeta y Natalia, el Dúo de la Nena. Ellas, a su manera, apuestan también por Jaén desde la música, que en su caso sí ha sido tradición en su casa. 

—Sí, es lo que han visto en casa desde pequeñas. Yo jamás las he enseñado a cantar, por ejemplo, pero sí es verdad que siempre hemos cantado, y ellas han ido aprendiendo la técnica vocal de forma natural, como todos los niños la aprenden. Lo que pasa es que en los colegios se deja de cantar, y ya no se canta en la familia, y van perdiendo el hábito, pero el ser humano está preparado para cantar de forma natural. Eso es lo que han hecho ellas. 

—Curiosa afirmación: "ya no se canta en los colegios ni en la familia". 

—En Infantil todavía cantan alguna canción, pero empiezan en Primaria, en las clases de Música les colocan la flauta dulce y se acabó el canto. El canto es el instrumento más natural que tiene el ser humano. Por ejemplo, en las clases de Coro del Cemmec llegan adolescentes que les da vergüenza cantar, que no les sale la voz, y es porque ha habido un periodo de años que han dejado de cantar, si no ejercitan la voz no ejercitan el oído... En fin. 

—Estábamos hablando de sus dos hijas, con un grupo en plena actividad, ¿le hace sentir bien o hubiese preferido que se hiciesen funcionarias?

—Te puedes imaginar, yo estoy muy orgullosa. Recuerdo que cuando eran muy pequeñas había concursos y me decían muchas personas: "¿Pero por qué no se presentan al Veo, veo?". Yo les decía: "Ellas que se formen, que se preparen, que estudien, que tengan una base musical, y cuando tengan dieciocho años y sean mayores de edad, que elijan ellas el camino que quieran". Y así fue. Entonces, me siento muy orgullosa, ¡y la base que tienen es tan grande! Violeta está terminando ya la carrera de Violonchelo, y Natalia, sin haber estudiado composición, tiene un talento natural desde pequeña. Tienen una base que habrán heredado de mí y también por parte de su padre, Javier. 

—¡No me diga que el papá también participa en la 'orquesta familiar'!

—Su madre era pianista y su abuelo, primer violín de la orquesta de Oviedo y premio Sarasate. Así que parece que, genéticamente, tenían predisposición y, luego, ellas han valorado y han querido seguir el camino de la música, pero yo siempre dejándolas libres para que desarrollaran su estilo, que no es el mío. 

—Distintos estilos, sí, pero cuando se juntan a cantar...

—Claro, porque cuando la música es buena da igual el estilo, el caso es que sea buena. Siendo buena me da igual rock, lírico...

—Debería de ser innecesario, pero acaso sea bueno terminar con un mensaje que desmitifique un poco el género lírico, que lo acerque a la gente, que lo despoje de esa pátina de obsolescencia.

—Yo recuerdo, en uno de los viajes que hicimos a Budapest, que en el teatro de la ópera había entradas a un euro, en gallinero, en paraíso, en la parte de arriba: y estaba lleno de gente. ¡Si eso se promocionara aquí". Muchas veces es por el precio de las entradas, digo uno de los aspectos que puede ser, porque a veces es gratis y tampoco va la gente. Creo que es todo un poco, que facilites ese precio más popular y que empieza a conocer un poco más la lírica, y también fomentar los conciertos. También influye el formato del espectáculo. 

—¿Y que no suene a chino en los colegios, que no sea un género extraño para los más pequeños?

—Claro, los niños escuchan ópera por primera vez y les da risa la forma de cantar, que es más exagerada. Están acostumbrados a oír una forma de pronunciación más floja, pero luego les gusta cuando les cuentas que viene de una obra de teatro y cuenta tal historia. La ópera es un espectáculo muy completo y falta educación, en ese sentido. 

—Telón.

Fotografías y vídeo: ESPERANZA CALZADO.

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