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"Gracias a la pandemia estoy haciendo lo que siempre he querido hacer"

Por Javier Cano - Diciembre 05, 2021
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Bajo el sugerente nombre artístico de Terrymar respira y se inspira Teresa Valderrama Zafra (Jaén, 1972). Una inquieta creadora que de encarnar la belleza como guapa oficial pasó a estudiarla en la Universidad y, ahora, la plasma en su obra pictórica, con la que acaba de debutar en el mercado artístico internacional. Positiva y plena de experiencias, esta jiennense singular repasa su vida y adelanta sus proyectos a los lectores de Lacontradejaén. 

La pintora, que estos días ha expuesto en la Artist Experience Feria, en Madrid, su personalísimo universo animal, llega a la Redacción de este periódico con ese 'je ne sais quoi' de chica francesa que le concede la boina verde con que se toca, elegante y auténtica con ese jersey a rayas de inspiración marinera que le nace del pantalón vaquero. A lo Jean Seberg.

—Más de uno (o de una), cuando vea sus fotos en esta entrevista, caerá en que es usted aquella miss Jaén 1995 que encandiló al personal con su belleza adolescente...

—Joven, más bien joven, yo era de las mayores de aquellas chicas.

—Joven, pues. Una miss de esas que no pueden quitarse la corona por más que le pese en la cabeza, a tenor de lo que todavía la recuerdan los jiennenses como guapa oficial de la provincia. Ahora, sin embargo, ha pasado usted de musa a artista, ¿no?

—Podríamos decir algo así porque, realmente, yo me he sentido siempre un poco musa, como acabas de decir, pero también pintora, porque he tenido la suerte de vivir, o crecer prácticamente, en casa de mi tío Alfonso Parras. Esa vida con ellos me ha marcado mucho: la vida con mis primas, con mis primos allí en El Megatín, en su estudio, impregnada de ese olor a óleo, fuerte, del olor a toda la atmósfera que se vivía en esa casa. Ya de por sí una lo lleva dentro, porque el artista (para mí) soy de las que piensan que nace, aunque luego puede hacerse, pero el artista de verdad nace, es vocacional absolutamente. Entonces, claro, impregnarme de todos esos momentos en aquella casa me ha marcado mucho. 

—Vamos, que la creatividad le viene de familia. 

—También me ha marcado mucho hoy por hoy estar donde estoy, o sea, desarrollar mi actividad actual. Yo venía pintando hace mucho tiempo, pintaba con mi tío; él, algunas tardes, me daba lecciones privadas, yo me ponía allí con él, al lado suyo, y le decía: "A ver, tito, ¿dónde está el mejor verde?; porque yo, de todos los verdes que compro, no encuentro ninguno que realmente se parezca a lo que no puedo utilizar, algo que yo diga ¡este es el verde del olivo, el verde del pino!". Y él me decía: "No hay ningún verde como el verdadero de la naturaleza, ni siquiera yo soy capaz de encontrar esa igualdad con nuestro entorno". Y llevaba razón. 

—¿Ha seguido la huella de su tío como paisajista, como retratista, o anda usted por otros derroteros pictóricos?

—Mi arte está basado en el Impresionismo, que son los artistas que a mí más me han guiado. Yo creo que, al final, cualquier artista, ya sea un hiperrealista, lo que intenta plasmar es su visión, aunque sea muy real lo que quiera hacer, pero es transmitir alguna idea a través de sus manos y de su alma. Cada cuadro tiene una pincelada del alma de ese pintor. A mí, eso me lleva a transmitir mi interior. Son un montón de pasajes en mi vida, que han construido lo que hoy por hoy soy y ahora, con una madurez, con una edad, con un bagaje y una experiencia que hacen que me enfoque en algo que siempre he querido hacer y, hasta ahora, puedo decir que gracias a la pandemia, he tenido la oportunidad de decir: "¡Esto es lo que quiero hacer!".

—¿Gracias a la pandemia? Ha puesto usted una gran pregunta en bandeja, pero será un poco más adelante. Ahora toca dejar claro que esa vocación artística suya es, entonces, incluso anterior a su llegada a los concursos de belleza, que la hicieron conocida hace más de dos décadas.

—Sí, sí, yo soy artista de siempre. El que es artista no es solamente capaz de hacer un cuadro, creo. El que es un artista plástico es capaz de cambiar lo que hay en su entorno estéticamente, ya puede ser con el maquillaje, con un mueble... Pues yo hago todas esas cosas. Ya te digo que beber de esa savia tan maravillosa como fue la de mi tío, de todas esas experiencias e impregnarme tanto física como espiritualmente en esa casa ha sido lo que a mí me ha llevado hasta aquí. De siempre, desde pequeñita, en los concursos del cole siempre ganaba o quedaba en buen puesto, lo he hecho de siempre. De hecho, después, cuando he tenido un poco de tiempo, cuando vivía en Italia, estudié Historia del arte. O sea que al que le gusta, le gusta. 

—Esa etapa como modelo, entonces, ¿quiere decir que fue también un cauce de expresión artística de su interioridad?

—Exacto, exactamente. A ver, primero fue necesidad, igual esto no lo sabe nadie, no recuerdo haberlo contado antes.

—¡Qué maravilla, una primicia!

—Yo me presenté a Miss Jaén porque era profesora de la Escuela Española de Esquí y no había nieve en aquellos entonces; aquella temporada habíamos decidido ir a trabajar a Argentina el verano siguiente con lo que recaudásemos en esa temporada. Como no nevó, no teníamos dinero pero yo me había comprometido a ir a trabajar a la estación de Bariloche. No sabía dónde conseguir las 115.000 pesetas que me costaba el vuelo; me llamó el que organizaba y me dijo: "Teresa, apúntante a esto que es la primera vez que lo vamos a hacer aquí en Jaén, anímate", y dije yo: "¿Pues por qué no?; ¿cuánto se gana?", y me dijo "cien mil pesetas", y le dije: "¡Apúntame, apúntame!". Me apunté y gané. Yo dije: "Perdidas las tengo, el no lo tengo, me da igual". Una parte fue eso, pero por otra sí que es cierto que era una manera de expresar la belleza. 

—No tuvo ningún prejuicio, está claro. 

—Yo estoy absolutamente de acuerdo, primero, con que cada uno haga lo que quiera sin hacer daño a los demás, y segundo es que es una forma de expresión, de valorar físicamente el cuerpo de la mujer, ¡punto! Y ya no solamente el cuerpo, porque ya en aquellos tiempos ya era intelectualmente. Recuerdo una de las preguntas que me hizo una periodista: "Dime quién es el director de La mirada divergente", y yo dije: "Fernando Trueba, por favor, pero vamos", y le hablé un poco de su trayectoria. La periodista decía: "Es increíble". Pero es increíble..., ¿el qué? ¡No somos peces rojos, tenemos también nuestra cultura, nuestra experiencia, en fin... Sí, es una forma de expresar físicamente nuestra belleza. 

—Para cerrar este capítulo, Teresa: ¿conserva un buen recuerdo de aquella experiencia? Parece que no le supone un lastre, sino todo lo contrario. 

—Magnífico y volvería a hacerlo. Cuando alguna gente me ha dicho: "¡Qué vergüenza, ¿cómo hiciste aquello?!"; no, no, no, lo volvería a hacer una y mil veces, maravillosa experiencia, maravillosos contactos, tuve una entrevista con Chicho Ibáñez Serrador, para trabajar con él; hice muchas cosas que si no hubiese ido a Miss Jaén, yo nunca las habría conseguido. 

—Sin embargo no repitió, con la corona provincial acabó su trayectoria como miss.

—Ahí acabó mi carrera como miss, pero lo más interesante de todo esto es que yo estoy aquí, en Jaén, después de 'tropochocientos años', y todavía voy a un bar y me invitan a una cerveza. —"No, no, señora, que esto ya está pagado". —"¿Pero cómo va a estar pagado?". —"Sí, el hombre de allí, del final". —"¡A la mejor miss, a la mejor miss!". Con eso, a mí se me llena el alma, por favor... Y sobre todo cuando he tenido que vivir fuera mucho tiempo,  soy una jiennense enamorada de mi tierra, añoro muchísimo y tierra y para mí es lo más grande que hay.

—Hablando de vivir fuera de Jaén: su peripecia vital está llena de viajes, de catarsis, de metamorfosis (perdone la sarta de conceptos aristotélicos, pero es que le vienen que ni pintados). De aquel tiempo a esta parte, ¿cómo se ha desarrollado su existencia?

—Desde entonces, cambian un poco mis funciones. Estuve aquí trabajando como directora de una oficina de prevención de riesgos laborales, eso fue mi trabajo un poco más ejecutivo, y de ahí conocí ya a mi actual marido, que hace ya dieciocho años que estamos juntos. Me fui a Bruselas a vivir con él, que es extranjero, y viviendo allí bebí mucho de los artistas actuales europeos (ahora, Bruselas es la capital de la cultura y del arte); estuve allí un año andurreando aquellas calles, respirando un poco aquella atmósfera que también es una atmósfera maravillosa. 

—Bruselas y...

—Después saltamos a Italia, y estuve allí diez años. Imagínate, tengo para escribir siete libros, porque es donde está el arte, donde está la historia, el 80 por ciento de los restos arqueológicos del mundo están en Italia.

—Una suerte de 'grand tour', ¿no?

—Exactamente, podía haber sido Plinio el Viejo o alguno de estos, para escribir algunas de estas anécdotas. 

—¿Y qué más, qué más?

—Paso por Italia y el periplo continúa por Alicante, vuelvo a mi España, me voy acercando cada vez más. Llevo cuatro años en Alicante y estoy encantada, porque en un paseo bajo a mi casa y estoy en mi tierra. Los italianos son maravillosos, somos primos pero no hermanos y claro, a mí me gustan mis hermanos, estoy encantada de la vida. 

—Encantada de la vida y en pleno ejercicio de esa vocación artística que la acompaña desde niña, hasta el punto de que esta misma semana ha debutado en el mundo de las exposiciones con su primera muestra. 

—Exacto.

—¿Qué tiene que contar de esta experiencia?

—Esta exposición ha estado organizada por la Asociación Carlos de Amberes, en Madrid, y ubicada en su sede, un palacio maravilloso en Claudio Coello, en la milla de oro. Se lleva organizando hace cuatro años, con el paréntesis de la pandemia; de hecho fue la primera exposición que hubo en España tras la pandemia. Se dan cita cerca de doscientos artistas, un poco para representar el arte actual. 

—Una antología, se podría decir. 

—Sí, somos ciento y algo de países representados, pintores de un montón de sitios. Comenzó el 1 de diciembre y cierra hoy, 5. Ahí se ha podido ver el punto caliente del arte de España. 

—¿Sintió unos nervios parecidos a los que le provocaba la pasarela momentos antes de pisarla, o esto ha sido otra cosa?

—Peores, peores; bueno, un poco se puede hacer la comparación de ser juzgada físicamente y, en este caso, juzgada . Expuse mi arte no solo apra vender, para darme a conocer, sino que también he estado en las manos del crítico de arte. Bastante nerviosa, sí. Estoy segura de mí misma, cuando me gusta mi trabajo disfruto mucho.

 

—Pero, Terrymar, ¿qué pinta usted? Mejor dicho, ¿qué ha mostrado en Madrid estos días?

—Dos líneas, dos temas, siempre de animales, una especie de retratos de animales; unos son mascotas, perros, y un lienzo más grande que son caballos, paisajes, y los otros son animales del mar. Utilizo las resinas, el acrílico, la pasta medio, para darle volumen, potencia al relieve, al personaje protagonista del cuadro. ¿Por qué utilizo estos medios para pintar los animales?

—¿Por qué, Teresa, por qué?

—Porque, como te he dicho, a mí me gusta mucho el Impresionismo, es un poco mi alma. Pienso que el Realismo es maravilloso pero teniendo la fotografía, pues... (que no quiero despreciarlo, ni mucho menos, pero me parece mucho más interesante expresarme para que tu ojo pueda percibir lo que a ti te parezca oportuno). Mis animales son eso, un poco naïf también, muy básicos; los colores tienen pocas mezclas, pero me parecen bastante didácticos también y es una cercanía al animal que hoy por hoy estamos viendo que estamos en una sociedad en la que el 'menofreguismo' (se dice en italiano), el 'que me dé igual todo' hace que no pensemos en lo que está ocurriendo realmente hoy por hoy.  

—¿A qué se refiere exactamente?

—Ahora que vivo en el mar, se me parte el alma de ver plásticos, colillas, peces con anzuelos..., ¡desastres! Y es lo que estoy viendo yo, imagínate lo que hay por ahí de pesticidas, plásticos en el mar, depósitos de cualquier cosa...

—Es el suyo un arte reivindicativo, entonces...

—Exacto, un arte reivindicativo con el que quiero hacer llegar la belleza de esto a lo que estamos haciéndole daño, de especies que podemos perder. Eso es lo que quiero expresar. 

—Una entrevista actual en la que no se hable de la pandemia, no es entrevista. Líneas arriba, casi al principio de esta conversación, aseguró que gracias a ella ha podido hacer lo que hace actualmente. Le prometí volver sobre este asunto y aquí estamos. ¿Qué le debe al Covid, por qué le está agradecida?

—La pandemia ha hecho que yo reflexione, que yo vea lo fácil que es estar al lado del otro lado, lo fácil que estar bien hoy y, en un segundo, en una noche...; estás bien y, mañana... Ha sido tanta gente la que hemos perdido que realmente me ha hecho pensar y ser consciente del poco tiempo que estamos aquí. Yo he intentado siempre disfrutarlo al máximo, quizá un poco inconscientemente, pero ahora quiero ser consciente de lo que estoy haciendo y quiero disfrutar de lo que realmente me apasiona. He hecho así, un poquito para adentro y me he dicho: "A ver, ¿a ti qué es lo que te gusta realmente?". Fue lo mismo, un poco como una crisis que me pasó en 2007, que fue cuando empecé a estudiar Historia del arte. 

—De esa crisis no me ha hablado hasta ahora.

—Un día, caminando con mi marido entre olivos, le dije: "Estoy perdida, no sé qué hacer", y él me dijo: "Mira en tu interior y busca lo que te hace feliz". Entonces me apunté en La Económica, a pintar, y en la Universidad, a estudiar Historia del arte. Esto me ha ocurrido de nuevo ahora, o sea, un nuevo ciclo; ese otro ciclo se cerró y ahora empieza un nuevo ciclo, me he vuelto a sentar y he vuelto a decir: "Tengo que hacer lo que a mí me hace feliz, no puedo perderme con la vida, con los niños, con la casa...". Se te difumina tu realidad y necesitas de vez en cuando coger a a la gente y decir "¡alto!". Ese momento fue cuando empezó la pandemia: mi hijo estaba en casa, mi marido también, estábamos tranquilos, teníamos una tranquilidad y dije: "Ahora es el momento de retomar de nuevo mis riendas, mis alas, y decir ¡aquí estoy de nuevo!".

—Más de uno (y más de una) estará pensando ahora mismo que el marido de Teresa es una joya. 

—¡Vamos!, es una joya... 

—Tener una persona que la apoye debe de ser importante, ¿verdad?

—Sí. Estoy superfeliz de la familia que tengo, estoy muy orgullosa de mi marido; estoy muy orgullosa de mi hijo, que además está bebiendo de nuestros caracteres (mi marido también tiene un carácter fuerte, es una persona con su carisma); él siempre me ha acompañado. Muchas veces me veo en un escenario, recogiendo un premio y diciendo: "Yo, sin mi marido no habría podido estar aquí". Es mi soporte, mi alma, mi ayuda. Estoy superfeliz. 

—Apoyo también en la cotidianidad, porque cuando dijo usted de ponerse a estudiar una carrera ya tenía en el mundo a su criatura, no debió de ser fácil conciliar la vida estudiantil y la familiar.

—Ha sido superdifícil, en eso también tengo muchas anécdotas: hice Erasmus en Italia embarazada, iba a los exámenes con el bebé, lo dejaba en la puerta del despacho del profesor para entrar al examen... Muchas anécdotas muy graciosas. 

—Antes de terminar, ¿lo de volver a Jaén lo contempla, o está bien como está?

—Por supuesto, porque además tengo la suerte de que mi marido es un enamorado de Jaén, un ítalo-belga enamorado de Jaén y es 'hijo predilecto de la ciudad', vamos; está encantado. Mi hijo no para de decir: "Mamá, yo quiero ir a Jaén, quiero vivir en Jaén"; fíjate qué gracioso, que cuando estábamos en Italia su profesora de Español decía que él tenía un problema: que tenía un acento de Jaén muy fuerte. 

—¿Un problema?

—Vamos, ¿pero qué problema es ese?

—Por cierto, con la Navidad y Reyes a la vuelta de la esquina, ¿cómo anda de precios su obra, Teresa? ¿Algo que decir a quienes piensen regalar arte este año?

—Por supuesto, no soy cara: precios populares. 

VÍDEO Y FOTOS: Esperanza Calzado

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