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Tomás el Alcaudón: "Antes, el callejón de las Flores era Jaén"

Tomás el Alcaudón: "Antes, el callejón de las Flores era Jaén"

Por Javier Cano - Enero 01, 2023
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Como recién salido del retrato que le pintó Carmelo Palomino Kayser, Tomás Cano de la Casa (Jaén, 1952) recupera a sus siete décadas de vida eso de estar cara al público, como hizo durante años y años tras la barra de su mítica taberna Alcaudón, antes en el papel de hostelero y ahora en recién asumido de presidente de la Asociación de Vecinos Arco del Consuelo.

Hijo del casco antiguo, vio la luz primera en el Callejón de las Flores y ahora le toca defender su barrio en plena vanguardia, al frente de uno de los colectivos de residentes más ensolerado de la capital jiennense. Una entidad cuya rica historia y peso en el mapa asociativo quiere preservar y potenciar.  

—Presidente de 'Arco del Consuelo-Casco Antiguo' por vocación, por imposición o por proclamación, señor Cano?

—Me dijeron que no había gente en la que delegar y que yo no podía dejar abandonado esto después de lo que he luchado, se emperraron en que tenía que ser yo.

—Por emperramiento ajeno, entonces. De todas formas, su relación con este colectivo vecinal viene de lejos, ¿no? Vamos, que no es usted un recién llegado.

—Desde el primer día.

—Seguramente muchos de los vecinos del barrio, cuando lean su nombre y apellidos en la cabecera de esta entrevista, no caerán pero en cuanto vean su foto más de uno exclamará: ¡Tomás el Alcaudón!

—El Alcaudón, claro. Primero lo fue mi abuelo y luego, toda la vida, mi padre.

—Su abuelo Apolonio, que fundó la mítica taberna pero no precisamente en los territorios que hoy día abarca su asociación...

—No, estaba en el Pilar del Arrabalejo. Pero mi abuelo, como tenía varios hijos, a todos les puso un bar cerca del mercado, uno en el callejón de las Uvas y otro en el callejón de las Flores. Y a mi padre le tocé en el de las Flores, que continué yo luego una larga temporada. 

—¿Cuál es el origen de ese apodo, Tomás, que forma ya parte del patrimonio sentimental jiennense?

—Antes de poner el bar, creo que mi abuelo era arriero, iba con las bestias para arriba y para abajo. Una gitana tuvo una discusión con el, por lo visto, y le dijo: "¡Tienes más cabeza que un alcaudón". Y se le quedó. 

—Se le quedó y ahí sigue, porque ustedes, sus descendientes, lo asumieron con naturalidad, ¿verdad?

—De forma totalmente natural; hay a quien no le gusta eso de los motes, pero a nosotros sí y gracias a Dios, porque los Alcaudones han hecho mucho por Jaén, han ayudado a mucha gente.

—¿Cómo recuerda ese entrañable callejón de las Flores de su infancia y su juventud? 

—Ese callejón era Jaén, desde las seis de la mañana estaba funcionando. Aparte del mercado de abastos, de todas las tiendas que había cerca, de Tejidos Gangas..., Allí estaba el Gobierno Civil, la Comisaría, Tráfico, luego las quinielas... Casi todo estaba ubicado allí. 

—Acumulará un buen puñado de anécdotas, de personajes, de vivencias...

—Desde chico; ¡si yo hablara, tengo para escribir y contar historias y anécdotas sin parar! Era una anécdota continua todos los días. Me acuerdo de los hortelanos que venían por las mañanas de madrugar a tomarse el aguardiente, el Carrasqueño; se vendían garrafas y garrafas, no como ahora que una botella de anís te dura un año, eran arrobas de dieciséis litros todos los días. ¡Y vino no me veas, las cubas que yo he vendido allí! 

—¿Es usted el último eslabón de la cadena hostelera de los Alcaudones, Tomás?

—Prácticamente sí. Mis hijos querían seguir, pero no he querido. Es una vida muy esclava, yo sé cómo lo hemos pasado nosotros y no quería que mis hijos vivieran para esto las veinticuatro horas.

—Lo dice alguien que prácticamente se puede decir que nació al amor de la barra...

—Yo no tenía cuna, sino medio barril. Me metían debajo del mostrador y cuando empezaba a llorar, mi padre le daba una pataílla al medio barril para que se meneara. Allí me he tirado toda la vida, hasta los cincuenta y cuatro años. Estudié, pero al final estuve allí hasta 2008 o por ahí, cuando entré en el Ayuntamiento. 

—Cambió la taberna por la oficina. ¿Allí se jubiló?

—Bueno, era inspector de Urbanismo. Pero no me jubilé allí, me echaron antes. 

—Uf, qué mal suena eso.

—Me echaron por trabajar. Lo dejamos ahí. 

—Como usted quiera, pero más de uno se preguntará qué hubo detrás de ese despido. ¿Tuvo algo que ver su filiación política? Usted es un socialista confeso, un hombre de izquierdas...

—Claro, de toda la vida. No lo he escondido ni lo voy a esconder. 

—Bueno, está claro que no quiere entrar en detalles. La cuestión es que ya está jubilado y a sus setenta años vuelve a 'cambiar de gremio', de la tranquilidad de quien ya ha colgado los trastos a la briega de una asociación de vecinos. Porque eso de encabezar una entidad reivindicativa tendrá su tarea, ¿no?  

—Mucha, si quieres que las cosas vayan adelante, que es para lo que he me metido: para darle una continuidad, para hacerla renacer. Tiene tarea, sí, pero lo hago con mucho gusto, porque aquí he pasado muchísimas horas trabajando con muchos amigos míos; recuerdo ahora, sobre todo, al primer presidente, Pepe Román. El trabajo que se hizo no se podía ir a la basura, había que retomarlo y volver a echarlo para adelante. 

—Siempre atrajo a los artistas esta asociación, desde los años de sus comienzos, allá por los 90 del pasado siglo. No hay más que ver la pinacoteca que exhiben ustedes aquí, en la sede del colectivo. 

—Esa es la idea; realmente somos una asociación cultural además de vecinal, reivindicativa. Pero en vez de dedicarnos a jugar a las cartas o al dominó, preferimos hacer cosas culturales. 

—Líneas arriba hablaba de José Román Grima (Chilluévar, 1948-Jaén 2015). ¿Tanto él como el presidente Antonio Lozano son espejos donde se mira Tomás Cano?

—Por supuesto, hay muchas cosas en las que tengo que mirarme en ellos, ha sido un trabajo conjunto pero lógicamente hay que mirar hacia ellos, que trabajaron muchísimo los dos.

—Con ese impulso, Tomás, ¿qué tiene 'Arco del Consuelo' en agenda para ya mismo? ¿Cómo se va a notar la llegada del Alcaudón como nuevo responsable de la entidad?

—Estamos todavía empezando; hicimos las chilindrinas, tenemos ahora el homenaje a los mayores, varios actos de poesía que están en mente...

—La apuesta por la cultura sigue viva en su 'programa', por lo que dice. 

—Sí, principalmente la cultura. 

—Pero no solo de eso vive el hombre. ¿Cómo está la asociación en cuanto a implicación de los vecinos del barrio?

—Ahora mismo, con los dos años que hemos tenido con lo del covid, se ha notado. Mucha gente se ha ido, pero parece ser que hay también quienes quieren volver a apuntarse. Veo un hilo de esperanza, no como antes pero...

—¿Cuántos socios conforman 'Arco del Consuelo'?

—Siempre hemos tenido unos trescientos y pico, pero de pago van quedando ya muy pocos, la gente ha dejado de pagar, ha habido mucho meneo de bancos este año... De pago habrá unos cincuenta socios, y ese dinero es lo único que llega a la asociación. Menos mal que, por lo que parece, el Ayuntamiento nos quiere echar una mano, y desde más sitios. Si no, habrá que inventarse algo.

—Con dinero o tiritando, la reivindicación debe de ser uno de los principales objetivos de una asociación vecinal. Si tuviera que destacar la principal demanda del barrio en estos momentos, ¿con cuál se quedaría?

—Ahora mismo, todo lo que está alrededor de la Catedral; que se hagan las cosas bien para que pueda ser, algun día, Patrimonio de la Humanidad. Hemos incrementado también las acciones de las obras de la calle Los Álamos, para que se hagan cosas que en principio no entraban. Poco a poco se van consiguiendo cositas, estamos hablando con mucha gente y todos nos están abriendo las puertas, también la Diputación. Parece ser que va a haber buen movimiento, ojalá que así sea. 

—Pero, ¿cómo está el casco antiguo de Jaén, lo que no envuelve al templo mayor, el resto de la zona histórica de la capital?

—Ahora mismo está muy apagado, bastante, pero veo un poquito que quiere resurgir; será porque desde la asociación queremos resugirlo y vemos eso en los demás. 

—Parece que hay tajo ahí.

—Uf, el tajo, aquí,nunca se acaba. 

Vídeo y fotografías: Esperanza Calzado.

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