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"El lado oscuro del emprendimiento también hay que contarlo"

Por Esperanza Calzado - Agosto 05, 2018

Dicen que todas las personas tienen un lado bueno y otro malo. Algunas, como Víctor Guillermo Figueroa Molina (Comayagüela, Honduras, 1976), nacieron sin una de los dos caras de esa moneda. Lleva la palabra solidaridad inoculada en las venas y el emprendimiento en el ADN. La expresión 'amigo de sus amigos' se hace máxima en este trabajador de la Fundación Andalucía Emprende, locutor de UniRadio, pianista, futuro empresario con Nadir Desarrollo y un poco psicólogo. Su vocación de ayudar a los demás puede que inspirara ese deseo de ser bombero que albergaba de pequeño. En realidad es químico, pero nunca ha ejercido. La vida le ha llevado por un camino en el que las personas y los emprendedores están en el centro, junto a su familia y sus amigos. Repasamos la Jaén emprededora, solidaria y musical de su mano. Es de la opinión de que al emprendedor hay que contarle todo, también el lado oscuro de lo que algunos llaman la "burbuja emprendedora".

—¿De Comayagüela a Jaén?

—Mi padre es hondureño y con 17 años se vino a Granada a estudiar Medicina. Conoció a mi madre, que también estaba estudiando, y se casaron. Nació mi hermana Charo, la mayor, y se fueron a Honduras cuatro años. En ese periodo nací yo y mi otra hermana. Después, en mayo del 78 regresamos a España.

—Pero te sientes jiennense...

—Sí, sí. He vivido en muchos sitios, pero restando los dos años y medio que estuve en Honduras, el resto ha sido en España. He vivido en Galera, en Granada, en Villacarrillo, en Bailén, Arjona, Alcalá la Real y cinco años en Sevilla por trabajo.

—¿Es un alma inquieta?

—Tiene una parte buena y otra no tanto. La buena es que por narices tienes que espabilar. Si quieres desenvolverte en la vida tienes que espabilar y hace que seas más extrovertido, socialices más, conozcas mundo y, sobre todo, otras formas de ser, porque cada pueblo tiene su idiosincrasia. La parte más negativa, restando el hecho de tener que irte de un pueblo cuando eres muy pequeño, como me pasó en Galera para venir a Jaén capital, es que cuando conoces a gente todos tienen su pueblo, su grupo de amigos... y yo tengo muchos.

—¿Si tuviera que elegir uno?

—Jaén. Tengo mucha nostalgia por Galera, de hecho voy en un par de semanas, porque es mi infancia. Pero Jaén es donde más años he estado y me encanta. 

—¿Su formación académica?

—No lo suelo comentar porque lo utilizo mucho en las charlas que doy; soy licenciado en Químicas. Mi hermana Charo también lo estudió y la gente se piensa que lo hice por ella, pero no es así. Fue por un compañero del instituto, que era un enamorado de la Química, hasta el punto de que en el recreo nos íbamos a su casa donde tenía un mini laboratorio donde poníamos en práctica los ejercicios de clase. Por aquella época me gustaba Farmacia o Matemáticas, pero para ser farmacéutico debes tener mucho dinero para tener una farmacia (ríe). Opté por la Química pero más allá de las prácticas que hice al principio, no he ejercido. 

—Estudió una carrera de ciencias pero conocerle un poco en profundidad es descubrir que usted es una persona de 'letras'.

—Puede ser, sí. Cuando te hacían los test de pequeño siempre me decían que podía estudiar lo que quisiera, que se me daba bien tanto una cosa como la otra. Pero siempre me han tirado mucho más las Ciencias. Soy muy cuadriculado y ya en la Universidad desarrollé esa vertiente más de humanidades. Pero en el ámbito laboral con lo que estoy realmente relacionado es con el ámbito de la empresa y fue casual. Cuando terminé la carrera, hice un curso de Gestión de la Calidad, en la Universidad de Jaén. Por entonces, la ISO 9001 no se conocía tanto. El curso me encantó. Me gustó mucho aprender sobre la gestión de la calidad, de la mejora continua, procedimientos y términos que van mucho con mi carácter cuadriculado. De hecho, mi padre siempre me recuerda lo bien que me ha ido al entrar en un mundo en el que estoy en mi salsa, con técnicas para mejorar los procesos de las empresas y demás. A raíz de ahí hice un máster en Recursos Humanos, además de Prevención de Riesgos Laborales. Cursé otro de Administración y Dirección de Empresas. Ya me metí en ese mundo y me fue gustando. Además, mi primer trabajo fue en una consultora de Gestión de Calidad. 

"NO TODO EL QUE ABRE UNA EMPRESA ES UN EMPRENDEDOR"

 Víctor Figueroa, durante una conferencia en Villanueva del Arzobispo.
Víctor Figueroa, durante una conferencia en Villanueva del Arzobispo.

—¿Cómo fue ese primer trabajo?

—Me encargaba del mantenimiento del sistema de gestión de la calidad de la propia empresa y luego de sus clientes. Uno de ellos era la Fundación Andalucía Emprende, por lo que estuve trabajando para ellos primero como proveedor. Era un externo, que iba a Sevilla. Primero era un día a la semana, luego dos y al final, por necesidades del servicio, me fui a vivir allí. Me lo dijeron un 20 de junio de 2005, no lo olvidaré, y al día siguiente ya estaba allí. Estuve cinco años donde pasé por el departamento de Iniciativas Emprendedoras. Era una especie de laboratorio donde se diseñaban servicios para las empresas. El primer año y medio estuve como proveedor y ya en enero de 2007 pasé a formar parte de la plantilla de la Fundación Andalucía Emprende, y hace ocho años me vine para Jaén.

—Y de aquí ya no se ha movido.

—Ya me vine con otro puesto de trabajo. Antes estaba en el departamento de calidad y después innovación. Luego ya me vine a lo que se conoce como CADE, Centro de Emprendimiento, y más concretamente en el de Pegalajar.

—¿Cómo somos los emprendedores jiennenses? 

—El emprendedor es un tipo de persona que yo valoro especialmente. Pero hay que diferenciar entre emprendedor y el que pone una empresa. 

—¿Cuál es la diferencia?

—El que pone una empresa no siempre tiene por qué tener ese espíritu emprendedor, el que toma las decisiones, está pendiente de ese pequeño hijo que es una empresa, está pendiente de él las 24 horas sin saber desconectar... Eso, no todo el mundo lo tiene. El empresario puede ser una persona que ha heredado el negocio familiar o que no encuentra trabajo y va a intentar montar algo, pero el emprendedor es esa persona que adopta el emprendimiento como un estilo de vida, con todo lo que ello conlleva. Tiene una parte menos agradable pero también otra muy bonita porque es el que toma las decisiones, es pro activo, es el que lucha por sus sueños y saca lo mejor de sí. Además, uno puede ser emprendedor y trabajar por cuenta ajena, porque es una actitud.

—¿Cómo son los emprendedores en Jaén?

—Es una pregunta un poco comprometida (ríe). Detecto una actitud al hecho de poner una empresa como una salida del paro. Eso es complicado, la famosa burbuja emprendedora. El problema que veo es la falta de concienciación sobre lo que significa montar una empresa. Normalmente, la gente suele venir de trabajar por cuenta ajena y controla mucho la parte operativa, es decir, los procesos de trabajo. El problema es que una empresa es mucho más. Tiene toda la parte de estrategia, de procesos de apoyo que son necesarios, etcétera. Cuando se encuentra que tienen que ser hombres y mujeres orquesta y que solo se van a dedicar a la parte de trabajo se llevan una sorpresa y no les gusta. 

CADE, ¿UN DESCONOCIDO?

—Yo siempre digo que soy periodista, no empresaria, y que la primera bofetada me la dio el CADE de Jaén porque me puso los pies en la tierra y gracias a ellos pudimos abrir nuestra empresa. ¿Sois los grandes desconocidos?

—Es cierto que no nos perciben como un instrumento necesario para ver si la idea que el emprendedor tiene se puede poner en marcha. En mi caso, a la inmensa mayoría de los usuarios que acuden al CADE solo le interesa la constitución de la empresa. La fase de testeo de la idea, ver si tiene sentido, esa se la salta y es fundamental. Llevo ya trece años en Andalucía Emprende y creo tener una visión de cómo se percibe nuestro trabajo. De broma yo siempre digo que teníamos que llamarnos fundación camaleón, porque no solo cambiamos de nombre sino de propósito, que ha ido evolucionando. Ha mejorado mucho la visibilidad, mucha gente sabe qué es un CADE, hace trece años no. Falta más el trabajo previo. Nos ven como unas personas que te van a ayudar a montar la empresa, a pedir subvenciones y a formarte. Pero falta la parte inicial, la fase cero, la de testeo. Como detectamos esa necesidad, hace unos tres años pusimos en marcha el programa Crece, que es de capacitación de emprendedores y sirve precisamente para eso, para trabajar la idea. 

 Víctor Figueroa en el estudio de su casa. Foto: Esperanza Calzado
Víctor Figueroa en el estudio de su casa. Foto: Esperanza Calzado

—¿Cómo se siente cuando ve que una de las empresas a las que ha ayudado a nacer tiene éxito?

—Uf. No solo que tenga éxito sino gente que no se atrevía a dar el salto y después de trabajar con ellos durante unos meses se lanzan a la piscina desde la responsabilidad. Al principio me sentía demasiado responsable de los resultados de los proyectos que yo atendía. Pero llegó un día mi jefa, por entonces Inmaculada Puche, me dio un abrazo y me dijo que no tenía que empatizar tanto. Pero son como tus niños. Llega un punto que cuando dejan de ir porque ya no te necesitan y luego te los encuentras y ves que siguen te da alegría, porque ese proyecto tiene tu granito de arena. Pero siempre digo desde la humildad que el mérito es, en un 99%, de la persona que emprende. Puedo darle consejos, guiarle o enseñarle algo, pero el mérito es todo suyo. A veces pasa al contrario, que ves empresas que han cerrado y te duele.

—¿Es capaz de reconocer a un emprendedor a simple vista?

—Sí, eso se ve. Son inquietas, pro activas, no se quedan esperando a ver qué les pasan, son dueños de su destino. Se nota en cómo te hablan, en lo enamorados que están de sus proyectos pero con los pies en el suelo. 

DE ASESOR DE FUTUROS EMPRESARIOS A EMPRENDEDOR

—¿Entre tanto emprendedor no le ha entrado el gusanillo?

—Sí (ríe), me ha picado, sí. Mi mujer es emprendedora, tiene un taller. Y yo tengo ganas también de tener mi propio proyecto y qué mejor que uno relacionado con emprendedores, precisamente. 

—Cuéntenos, lo que se pueda contar.

—Ahí me gustaría dar un consejo. Aquellas personas que quieran emprender que no tengan miedo en contar su idea. Por si sola no sirve para nada. La clave es cómo se ejecuta. Cuanto más se cuente la idea más os puede ayudar la gente. Es más, los nuevos métodos dicen que se debe testear la idea. No debemos ser tan celosos. Anda que no hay ideas en los bares.

—Nos cuesta compartir.

—Cuesta mucho y es uno de los aspectos que trato en las charlas que doy. De hecho, fue uno de los motivos por los que me uní a la Asociación de Empresarios Forum Vitruvio, porque puede sacar lo mejor de nosotros. Se puede llegar antes a los sitios, pero más lejos llegas porque vas acompañado por otras personas. Compartir y colaborar con los demás no solo es bueno, sino que va a ser impepinable. Vivimos en un mundo tan globalizado que va a ser muy común que trabajemos en proyectos con otras personas compartiendo. 

 Víctor Figueroa en el estudio de su casa. Foto: Esperanza Calzado
Víctor Figueroa en el estudio de su casa. Foto: Esperanza Calzado

—Todavía no nos ha desvelado el suyo.

—Se llama Nadir Desarrollo y lo que busca es, precisamente, que aquella persona que no sabe si es emprendedora pueda averiguarlo. Tengo dos líneas de trabajo. La primera es el desarrollo de contenidos en formato podcast y vídeo para el que quiera pueda consumirlo. La segunda es la vertiente de formación online. Ahora mismo estoy en la primera parte, creando contenido y buscando colaboradores. Tengo muy claro que yo puedo saber poco de mucho pero cuando tengo que hablar de algo en concreto en lo que no pueda ser riguroso tiraré de la cartera de colaboradores. Con Nadir Desarrollo quiero que el emprendedor conozca todas las partes de este viaje. Pecamos demasiado de vender lo bueno y no es lo único. La parte de las penurias, cuando se ha fracasado, las noches sin dormir, si se ha arruinado... Ese lado oscuro del emprendimiento creo que hay que contarlo. 

—Pero eso puede llegar a desmotivar.

—La cuestión está en cómo se cuentan las cosas. Hay que tener sutileza y una parte de psicología para contar determinadas cosas. Pero hay que hacerlo porque muchas veces la frustración viene de ahí. Hasta que no se vive no se sabe, pero si alguien te cuenta que todos los otros emprendedores han vivido situaciones complicadas que han sido capaces de superar, con buenas prácticas, se aporta mucho valor. Algo de idea puede dar el contar también el lado oscuro del emprendimiento. La parte humana hay que contarla. Los emprendedores son personas, que sienten emociones y miedos, sobre todo al principio y no llega a desaparecer del todo. Yo quiero tocar ese lado humano con Nadir Desarrollo.

—Una vez me dijeron que no tuviera miedo al fracaso.

—El fracaso en sí no es bueno porque se pasa mal. Depende del nivel de fracaso te puede comprometer mucho, incluso a nivel económico. Pero del fracaso se puede aprender algo. Hay que medir el riesgo que supone tomar determinadas decisiones para que, en el caso de que la cosa salga mal, no se vea uno excesivamente comprometido. Precisamente todas las herramientas nuevas de los 'gurús' que salen ayudan a esto, a no perder mucho dinero.

 Victor Figueroa, en su programa de Uniradio.
Victor Figueroa, en su programa de Uniradio.

"JAMÁS PENSÉ QUE HARÍA RADIO Y QUE ME IBA A GUSTAR TANTO"

—¿Qué significa la radio para usted?

—Uf. Llevo seis años ya en UniRadio, es algo que jamás hubiera pensado que haría y que me gustara tanto. Surgió en los cursos de Torres. Me pidieron que tocara el piano por la noche. El director de UniRadio Jaén me entrevistó con motivo de esa actuación, aunque ya era la tercera vez. Cuando terminamos me propuso hacer un programa con nosotros. Jamás he tenido ese pensamiento en la cabeza y me sorprendió mucho. Me dijo que hiciera un programa de algo que me gusta más que el piano, sobre lo social y la solidaridad. Le expliqué que tenía un grupo de Facebook que se llama Plataforma Solidaria en el que precisamente comparto historias de superación. Lo que hicimos fue transformarlo en programa. Para el primero, la idea era que Julio Ángel Olivares me iba a entrevistar para que contara la idea. Pero cuando quedaban dos días me dijo que yo era el director, que tenía que crear la escaleta, buscar invitados... Me puse corriendo y en el primero entrevistamos a la Fundación Josep Carreras. El problema es que cuando llegaron las siete de la tarde e iba a empezar el primer programa, Julio no estaba y tuve que hacerlo yo solo. No es lo mismo que te hagan preguntas que estar hablando solo y siguiendo un hilo y que sea coherente todo lo que dices (ríe). Pero salió, salió. Lo pasé mal pero cuando lo escucho veo que no fue tan catastrófico.

—¿Recuerda más anécdotas?

—En el segundo programa cometí la novatada de no comprobar los teléfonos. Estábamos haciendo el programa, ya con guión, porque ya había aprendido la lección del primer programa, pero ese día iba a aprender la segunda. Llegó el momento de la entrevista y nadie cogía el teléfono porque el número estaba mal y yo no lo había comprobado. Así que tuve que hablar de daño cerebral porque no pude hacer la entrevista. La anécdota más graciosa fue con la entrevista a una asociación de Madrid que se llamaba Pato Amarillo. Era una asociación de madres de la época de los años 80 con familias afectadas por los problemas derivados del entorno de la drogodependencia. También tenía una entrevista a un taxista de Sevilla que llevaba a niños enfermos de cáncer al Hospital Virgen del Rocío de forma gratuita y tenía el coche decorado para que los menores disfrutaran en el trayecto. Pero resulta que la normativa local le impedía tenerlo así. Ese día, en Pato Amarillo no me cogieron el teléfono porque estaban preparando la cena de Navidad. Pero es que el taxista me tuvo que colgar antes de la primera pregunta porque le entró un cliente. Así que en directo me quedé sin las dos entrevistas.

"HAY MUCHÍSIMA GENTE QUE ES SOLIDARIA, EL PROBLEMA ES QUE NO SE LE DA LA VISIBILIDAD QUE MERECEN"

—El programa y su labor social le ha permitido conocer a mucha gente como usted, dispuesta a dar lo que haga falta para ayudar a los demás. ¿Falta gente así en esta sociedad?

—Quizá lo que falte sea la visibilidad. Cuando estás dentro de este mundo ves que hay muchísima gente, el problema es que no se les dan la visibilidad que se merecen. He estado tres años haciendo Plataforma Solidaria y de los cien programas, aproximadamente, que hemos hecho, he conocido cien historias distintas y hay personas espectaculares.  

—Usted ha puesto su pasión, tocar el piano, al servicio de la solidaridad.

—Vimos a los hijos de unos amigos de mis padres en Huesca tocar el piano. Fue la primera vez que veía a alguien tocar y nos llamó la atención. Ese verano, en el pueblo de mis abuelos, Sorihuela del Guadalimar, a mi hermana le dio por tocar el piano. Me llamó la atención y mi madre nos apuntó al Conservatorio. Tenía unos ocho años y ya lo dejé en cuarto de piano. Es verdad que se ha convertido en un lugar muy especial donde voy sin necesidad de moverme. Es un lugar que me permite conectar con mi yo más personal. Es un oxígeno.   

 Tocando el piano que tiene en su estudio. Foto: Esperanza Calzado
Tocando el piano que tiene en su estudio. Foto: Esperanza Calzado

—¿Toca todos los días?

—Cuando vine de Sevilla pasé una etapa en la que necesitaba transmitir lo que sentía y me dio por componer, por lo que tocaba más. Yo me pongo a tocar y cuando suena algo bonito lo grabo. Tenía cinco temas en cassete cuando me vine de Sevilla y hace siete años o así sentí la necesidad de componer y tengo ya unos 28. Ahora estoy con un par de ellos más.

—Usted sacó un disco cuyos beneficios fueron para Laura.

—Sí. Tengo dos discos, uno para Laura y otro para Cruz Roja. En esa época necesitaba expresar lo que sentía y tenía la idea de sacar un disco para amigos y familiares pero en plan muy artesanal. Mi hermana me hizo una carátula y se llamaba Historias Personales. Pero un día, a través de Facebook, veo cómo la tía de Laura explicaba que su sobrina había despertado del coma y que necesitaba un vehículo adaptado, además de adaptar la casa. Se me ocurrió hablar con los concesionarios para ver si de alguna manera podía ayudarla. Había predisposición por parte de algunas marcas pero los vehículos que tenían no cumplían los requisitos. No sé por qué se me ocurrió regalar un CD con mis temas a cada persona que hiciera un donativo para que Laura tuviera el coche. A la familia le pareció bien y hubo un grupo de empresas que donó dinero para sacar las primeras mil unidades. En cinco días volaron. Fue espectacular la respuesta de Jaén. Hicimos una segunda tirada que también se agotó y la tercera tirada ya solo quedaron la mitad. 

—¿Y el de Cruz Roja?

—Hace unos cuatro años, con la iniciativa de Abecedario Solidario de UniRadio Jaén, pensamos que uno de los productos podía ser mi disco. Sacamos 500 unidades y las repartimos.

—Siempre se ha dicho que Jaén es solidaria cuando se le pide ayuda. ¿Usted da fe?

—Lo he comprobado. El año 1998 fue el más espectacular que he vivido en mi vida. Lo pasé regular porque fue una etapa de mi vida complicada y coincidió con el huracán Mitch en Honduras y otros países de Latinoamérica. Mi padre contactó con Solidaridad Honduras a través de unos visitadores médicos que conocía y nos dijeron que podíamos recaudar desde comida y medicamentos hasta ropa. Mi padre me dijo que pusiera carteles en la Universidad. Mis compañeros se portaron muy bien y me dieron cosas. Le pregunté a mi madre hasta cuándo íbamos a estar recogiendo y me contestó que hasta que se llenara la habitación del piano. Al final, llenamos tres contenedores de 30.000 kilos cada uno. Lo recaudamos aquí en Jaén y en algunos pueblos. Por aquella época mi padre estaba de médico en Arjona, de manera que el municipio y los colindantes se picaron sanamente para ver quién mandaba más cosas. Si no llegamos a tener la ayuda de los Bomberos de Jaén y del Ayuntamiento, que nos cedió una nave, no sé cómo lo hubiéramos hecho. Fue increíble. 

—¿Quién le ayuda a usted cuando le hace falta?

—Quien es solidario no busca más satisfacción que el resultado de esa ayuda. El que es de verdad solidario es generoso, humilde, altruista y no espera recibir nada a cambio. 

—¿Por eso quería ser de pequeño bombero, para ayudar a los demás?

—(Ríe). Puede ser. Yo quería ser bombero, sí. Los admiro. No dudan en poner en riesgo su vida para ayudar a otras personas. Fíjate lo que ha pasado ahora en Grecia o lo que pasó con las Torres Gemelas. Sin desmerecer a otros cuerpos, son gente que admiro mucho. 

—¿A quién más admira?

—A mis padres. Han hecho un gran esfuerzo para sacar adelante tres hijos. Mi padre tuvo que renunciar a su vida en su país y alejarse de su familia. Mi madre también hizo otro sacrificio, que estudiaba las carreras de Matemáticas y Medicina pero tuvo que dejarlo para cuidar de nosotros. Tenemos un libro, Las Memorias de mi Familia, que recoge las historias desde mis bisabuelos hasta el año 2004. Hay una parte de la historia de mis tías y mi madre. Mi padre seguía en Honduras cuando nosotros nos vinimos a España. Mi madre se vino sola con tres niños pequeños desde el Aeropuerto Internacional de Miami y sin saber inglés. Además, ese día hubo un huracán. Hay que ser valiente para tomar ese tipo de decisiones. Gran parte de lo que soy se lo debo a ellos. Los cimientos de mi forma de ser, de sentir y de pensar se los debo a mis padres. 

—¿Cómo se ve dentro de veinte años?

—Me quiero ver feliz y satisfecho con las cosas que haga. Satisfecho de haber dado lo mejor de mi como hijo, como marido, porque mi mujer es de las figuras más importantes de mi vida. En el ámbito profesional y con los amigos, también. Quiero aportar lo mejor de mí a las personas que se crucen en mi vida, sin ninguna pretensión más. 

 Víctor Figueroa en el estudio de su casa. Foto: Esperanza Calzado
Víctor Figueroa en el estudio de su casa. Foto: Esperanza Calzado

—Después de hacer un repaso por su trayectoria, comprobamos que abarca múltiples facetas. ¿Cómo se definiría a sí mismo?

—Tengo un amigo de un pueblo de Cádiz que nos conocimos en 2008 haciendo un máster en Osuna. Me dijo que era un hombre del Renacimiento, porque toco muchos palos. Me hizo gracia. Me considero una persona inquieta, social y me encanta relacionarme con la gente. Soy un animal social, no puedo estar solo. Mi padre siempre ha dicho, desde que era pequeño, que soy noble, y me lo considero. Me considero honesto y quiero creer, porque me lo dicen mucho últimamente, humilde. 

—¿Algo que no le haya preguntado?

—Que el día de mi boda, y lo digo mirando el cuadro que tienes detrás que lo pintó mi mujer y me lo regaló ese día, fue el más feliz de mi vida. Además de verdad, jamás hubiera pensado que se pudiera ser tan feliz. No es un tópico, lo digo de verdad. Le di una sorpresa a mi mujer, que era la versión orquestral de un tema que compuse para ella. En el trayecto en el que iba del brazo de su padre lo pusimos y fue espectacular. Nadie de mi familia lo sabía. 

COMENTARIOS

Antonio Balguerias Guerra

Antonio Balguerias Guerra Agosto 05, 2018

Grande Víctor!

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Víctor Guillermo Figueroa Molina

Víctor Guillermo Figueroa Molina Agosto 06, 2018

Gracias amigo mío!! Un fuerte abrazo.

responder

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