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"De la violencia de género también se sale"

Por Esperanza Calzado - Noviembre 25, 2018

Hoy es 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. 44 asesinatos este año. Desde que se dispone de estadísticas, cerca de mil, a las que se suman desde 2013 unos 27 menores muertos a manos de sus padres. Es escalofriante, y afrontarlo es cosa de todos. Pero las estadísticas no recogen a aquellas que no denuncian o a las que lo han sufrido y lo han superado; las que han denunciado y han dado un paso adelante, o las que ni tan siquiera saben que lo sufren. Mercedes Palacios Martín (1976) es psicóloga. Ejerce su profesión tanto desde el ámbito público como privado, y lo hace como psicóloga de diferentes programas que ha puesto en marcha el Instituto Andaluz de la Mujer para luchar contra la violencia de género y ofrecer un servicio cada vez más completo e integral a las víctimas.

Trabaja en un gabinete de psicología propio desde el año 2002, especializada en violencia. En 2008 complementa la actividad privada en consulta con funciones de psicóloga en la Asociación AMUVI y, posteriormente, en la Asociación Acción Social por la Igualdad. Dos entidades que colaboran muy estrechamente gestionando diferentes iniciativas y programas del Instituto Andaluz de la Mujer. Nos adentramos a la realidad de las víctimas a través de sus palabras.

—Violencia de género, doméstica, machista, intrafamiliar... ¿Misma terminología para un mismo problema o tiene matices?

—Lo primero, decir que cualquier forma de violencia ha de ser condenada y rechazada. Pero existen matices entre estos términos, que a menudo se confunden porque aún nos queda mucho trabajo de sensibilización y educación en estos temas. Cuando hablamos de violencia intrafamiliar nos referimos a la que puede ser ejercida por ejemplo por una hija hacia su madre dentro del ámbito familiar. Al hablar de violencia doméstica nos referimos a la que se desarrolla dentro de la familia, dentro del hogar, y puede ser ejercida por cualquier miembro. La violencia de género es ejercida por el hombre hacia la mujer por el mero hecho de serlo, con el fin de dominarla y someterla por considerarla inferior. Puede darse en cualquier ámbito, no tiene por qué ser solo entre parejas. Utiliza el control, el aislamiento, el miedo, el sometimiento, las amenazas, los insultos, la desvalorización o las agresiones psicológicas, sexuales o físicas pudiendo llegar hasta el asesinato. Cuando nos encontramos ante un caso de estos, no debemos olvidar que si hay menores, las víctimas de esta violencia son la mujer y ellos también, a los que ya, afortunadamente, desde la ley se les considera también víctimas de violencia de género.

—La gran mayoría de las veces parece que se olvida el maltrato psicológico. ¿Es así?

—Por desgracia suele ser así y en muchas ocasiones pasa desapercibido debido a la sutileza con la que el maltratador ejerce la violencia con su víctima. Por eso, es imprescindible que la sociedad, en general, y los profesionales, en particular, nos formemos continuamente en este tipo de delitos porque solo con una buena formación sabremos identificar situaciones de violencia de género sin confundirlas con otro tipo. Porque solo así podremos dar a la víctima la ayuda que necesita.

—¿Cuál es el problema para que siga habiendo casos de reticencia a denunciar?

—Hay que entender que tiene una situación muy complicada por el hecho de ser víctima de este tipo de delitos y con frecuencia, debido a las secuelas del propio maltrato, se siente incapaz de salir de esa situación. El deterioro psicológico es muy grande en la mayoría de los casos y la mujer presenta trastornos de ansiedad, depresión, baja autoestima, vergüenza, sentimientos de culpa o miedo. Todo ello, consecuencia de la situación de violencia que vive. Además, con mucha frecuencia está amenazada, teme por las represalias de su agresor hacia ella o hacia sus hijos, temiendo hasta por su vida o la de sus hijos. En ocasiones se siente cuestionada por la sociedad o los profesionales, lo que dificulta mucho que pida ayuda. De ahí la importancia de que la sociedad y los profesionales sigamos formándonos en violencia de género, para tener conciencia de esta dura realidad y de su complejidad, porque solo así podremos empatizar con la víctima y ayudarla desde la comprensión y la protección. Porque si la víctima se siente cuestionada después de dar el primer paso de hablar de ello, denunciar o pedir ayuda, abandonará el camino de su recuperación.

—¿Qué herramientas tiene la víctima para afrontar un caso de malos tratos? 

—En mi opinión la mejor herramienta que una mujer tiene a su alcance en estos casos es pedir ayuda, no guardar silencio, hablar de ello con profesionales, informarse, no quedarse sola y denunciar su situación. Es de suma importancia acudir a centros especializados como los de la mujer para contar lo que le ocurre, explicar cómo se siente y cuál es su situación para que puedan, desde estos servicios especializados, valorar su caso, orientarla, protegerla e indicarle las opciones que tiene. Es muy importante que ante cualquier duda o malestar acuda a los centros de la mujer. Pienso que esta es la mejor ayuda que inicialmente se le puede dar a una mujer, porque el silencio y el aislamiento la hacen más débil y vulnerable ante la violencia de género. No podemos olvidar que una de las primeras estrategias del agresor es aislar a su víctima porque así ejercerá la violencia con más poder. Y por ello, en mi opinión, lo contrario, pedir ayuda, no aislarse, también es una herramienta de las más poderosas para iniciar el camino de salida de la violencia de género.

—¿Qué le recomendaría, cuáles son las señales que nos deben dar la voz de alarma?

—La principal recomendación es que pida ayuda a profesionales cuando tenga la sospecha de que en su relación de pareja las cosas no van bien, ellos la orientarán. Es importante que acuda si nota que su pareja se enfada desproporcionadamente ante hechos sin importancia, cuando reciba insultos, agresiones físicas por leves que sean, cuando en las discusiones hay golpes o roturas intencionadas de objetos, si se siente triste, con cambios de humor, irascible, con miedo en su propia casa, cuando note que ha dejado de relacionarse con su familia o amigos porque él se enfada, cuando tenga la sensación de que él controla todo, de que ha perdido la autonomía, cuando no puede trabajar o disponer de la economía familiar. En definitiva, ante cualquier relación de desequilibrio y donde hay sufrimiento, mi consejo es acudir a profesionales especializados, como los centros de la mujer. Servicios públicos y especializados formados por un equipo multidisciplinar de profesionales que podrán orientarla en lo que necesite.

—¿Cuál es el trabajo psicológico que se realiza con una persona que ha sido maltratada?

Es necesario tener claro que cuando estamos ante una víctima de violencia de género, que además es madre, el número de víctimas aumenta, porque los menores también son víctimas de este tipo de violencia. Por lo tanto, el abordaje ha de ser múltiple. Da igual que la violencia sea ejercida por el progenitor de estos menores o por la nueva pareja de la madre. Por lo tanto, la protección y el apoyo han de contemplar intervención psicológica con la madre y también con sus hijos.

Es prioritario dar apoyo a la víctima, que se sienta comprendida y que no se sienta sola. Además, es necesario hacer un gran trabajo terapéutico para abordar las secuelas derivadas de la violencia de género y que son múltiples (trastornos de ansiedad, trastornos de estrés postraumático, miedos, depresión, problemas de sueño, trastornos clínicos asociados y sentimientos de culpa). En los casos en que la víctima es madre, han de trabajarse en terapia aspectos relacionados con su rol materno que se ve deteriorado y afectado por la violencia, siendo este aspecto otra consecuencia más. Junto con este trabajo ha de darse apoyo psicológico a los hijos para recuperar su estabilidad emocional y facilitar un adecuado desarrollo emocional de los menores, trabajando con estos hijos las secuelas derivadas.

—¿Los medios de comunicación, ayudamos o entorpecemos en la lucha contra esta lacra? ¿Cuál debe ser nuestra labor?

—En mi opinión, los medios de comunicación hacen una labor muy importante visibilizando a las víctimas para que la sociedad no se muestre insensible ante esta lacra, y sé que en muchas ocasiones su trabajo es muy difícil. A veces, echo de menos ante noticias tan lamentables como un asesinato de una mujer o de sus hijos, que se aborde el tema con mayor sensibilidad, cuidando mucho en no caer en el sensacionalismo, porque son muchas las personas que acceden a esta información y entre ellas puede haber mujeres que están siendo víctimas, en ese momento, de la violencia de género, o menores que tiene miedo a que su madre sea asesinada o a que les haga daño a ellos. Sé que es una tarea muy compleja, informar, condenar este tipo de delito con la contundencia que se merece y velar por el respecto a estas víctimas. Pero creo que la gravedad del problema merece que pongamos todo el empeño posible por abordar estas noticias de la forma más delicada posible sin caer, por supuesto, en el silencio. La sociedad debe conocer que estas situaciones existen y las consecuencia extremas que pueden tener si la mujer no rompe con el agresor. Además, quisiera añadir que me gustaría ver no sólo noticias tristes y trágicas como lo son los asesinatos, sino también historias de superación y esperanza porque de la violencia de género también se sale y ese es el mensaje que debemos darle a las mujeres para que sean valientes y decidan romper con esta situación de violencia e iniciar una nueva vida. Me gustaría también que los medios de comunicación tratasen este tema durante todo el año y no solo en fechas de mayor sensibilidad como es el 25 de noviembre. 

—En su opinión particular, ¿son eficaces las medidas que se toman desde las administraciones? ¿Cuáles son sus fortalezas y debilidades?

—Afortunadamente cada vez hay más medios y más conciencia de la gravedad y magnitud de este tipo de delitos, cada vez los medios con los que contamos son más eficaces y en Jaén contamos con un juzgado de violencia que ha puesto en marcha medidas innovadoras para dar una mayor calidad a su trabajo, siendo en la actualidad un referente para toda Andalucía. Innovaciones que responden, en mi opinión, clarísimamente a una cuestión, a que detrás de estos medios hay personas formadas en violencia de género, y por lo tanto sensibilizados con esta lacra y conscientes del problema al que se enfrentan estas mujeres y sus hijos. Lo que le ha llevado a trabajar de manera diferenciada a como se trabaja en otro tipo de juzgados. Es cierto que cada vez hay más medios técnicos y económicos, y mejores leyes, pero no debemos caer en la complacencia y tenemos que seguir trabajando por mejorar la respuesta del sistema para que las mujeres y sus hijos se sientan protegidos en todo momento. Para ello, se necesita más formación en todos los recursos públicos (servicios sociales, administración de justicia, jueces, fiscales, letrados, médicos y psicólogos forenses, fuerzas y cuerpos de seguridad del estado.) 

—Aparte de los psicólogos, ¿cree que el sector privado puede aportar soluciones a las mujeres maltratadas?

—Claro que sí, todos podemos ayudar, pero es imprescindible para ello la formación de las personas en igualdad. Todos podemos contribuir a conseguir la igualdad entre hombres y mujeres mediante valores como el respeto y las relaciones de buen trato entre todos. Porque tanto hombres como mujeres merecemos los mismos derechos y el mismo respeto en esta sociedad.

—¿Las zonas rurales son aún las que más casos (de violencia de género) albergan?

—No siempre es así, porque la violencia de género es una lacra social que afecta a todo tipo de culturas y estatus sociales y no depende del nivel socioeconómico de la personas. Encontramos este tipo de delito en cualquier ámbito de la sociedad, porque no depende del estado económico sino de un sistema de creencias machista y patriarcal con el que muchas generaciones han crecido y en el que han sido educadas y que condiciona su desarrollo, manifestándose en relaciones de desigualdad y en diferentes formas de violencia hacia la mujer.

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