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EL SUEÑO DE UN ADOLESCENTE

EL SUEÑO DE UN ADOLESCENTE

Por Esperanza Calzado - Agosto 24, 2019

Fiel defensor de la educación pública, el baezano José Vicente Siles ha logrado cumplir su sueño de la adolescencia. Él lo ha logrado en la NASA pero su camino es una inspiración para que todos alcancemos nuestras estrellas

¿Quién dijo que el sueño de un adolescente no puede hacerse realidad? Corría el año 1995 cuando se estrenó la película Apolo 13. Dirigida por Ron Howard y protagonizada por Tom Hanks en el papel de Jim Lovell, en la mente de todos quedó grabada la mítica frase "Houston, tenemos un problema". En el Teatro Montemar, en Baeza, esas imágenes despertaron el sueño de un adolescente de apenas 15 años cuando fue, con sus dos mejores amigos, a verla. Todavía hoy recuerda que estaban los tres solos y hacía un frío congelador, más que en la nave espacial.

En una escena de la película, para poder traer con vida a los astronautas, necesitan adaptar los filtros de CO2 del módulo de servicio al sistema del módulo lunar, ya que no estaba preparado para llevar a tres astronautas. Pero no eran compatibles, unos eran cuadrados y los otros circulares. En el centro de control de Houston tienen que pensar cómo hacer que esas piezas encajen con cosas que los astronautas tuvieran en la nave como, por ejemplo, bolsas, trajes de astronautas... Tenían que hacer la cuadratura del círculo; y lo lograron.

—Me impresionó ver la capacidad de trabajo en equipo y de ingenio de los ingenieros de la NASA y pensé que sería un sueño trabajar en un sitio así... pero igual en otra vida claro.

Pues el sueño de ese adolescente baezano se hizo realidad y hoy es galardonado por su labor. Se ha convertido en el primer español premiado como investigador joven del centro de NASA donde trabaja. Es José Vicente Siles y recientemente recibió el galardón Lew Allen Award for Excellence, la distinción más alta para investigadores jóvenes del centro de la NASA, Jet Propulsion Laboratory

 Ceremonia con el director de JPL, Dr. Mike Watkins, y el jefe de ciencia de JPL, Dr. Mark Simons.
Ceremonia con el director de JPL, Dr. Mike Watkins, y el jefe de ciencia de JPL, Dr. Mark Simons.

Es un reconocimiento a la trayectoria de investigadores jóvenes durante los primeros años de carrera profesional en NASA/JPL y premia la excelencia en investigación, desarrollo tecnológico y liderazgo. Jamás pensó que pudiera alguna vez llegar a trabajar en un sitio como ese, y mucho menos recibir un premio que no es sólo suyo, sino que hay muchísimo trabajo detrás. Aunque sea un galardón individual, este baezano reconoce que nada se consigue solo. En equipo ha logrado José Vicente Siles cumplir el sueño de un adolescente.

—Viniendo de una ciudad pequeña como Baeza, siendo español, obviamente pensé que era un sueño imposible y totalmente fuera de mi alcance.

Quizás fue eso lo que hizo que no se obsesionara con lograrlo. Se conformaba con conseguir hacer alguna investigación relacionada con el sector aeroespacial.

—La NASA siempre fue un sueño imposible, o eso pensaba.

UN 'HIJO' DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

Medita sus respuestas que llegan vía correo electrónico desde Pasadena, en Estados Unidos. Intenta que el teclado americano no le juegue ninguna mala pasada con la ortografía, porque el relato lo tiene claro. Le preguntamos por su trayectoria educativa y lo primero que resalta, por encima de todo lo demás, es que su formación ha sido en colegios, institutos y universidades públicas.

—He tenido la suerte de poder conseguir becas de investigación públicas a través de los Ministerios de Educación y Ciencia.

De ese mismo ministerio, hoy rebautizado que le ayudó a estudiar, llegó una de las primeras felicitaciones por el reconocimiento. Fue la del titular en funciones de la cartera de Ciencia, Innovación y Universidades, el astronauta Pedro Duque. Para este baezano fue especial y algo que no se esperaba. Un orgullo tanto para él como para el resto de los españoles que están en la NASA por el hecho de que alguien con su trayectoria como astronauta le felicitara. Para José Vicente Siles es un ejemplo a seguir.

Estudió en el Colegio Ángel López Salazar y después pasó al Instituto Santísima Trinidad. Allí, en la cuna de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, aprendió a no conformarme con aprender sino a entender los conceptos y a pensar. 

—Tenía muy claro que quería estudiar en centros públicos y, de hecho, los mejores consejos a nivel formativo los he recibido de profesores de ese instituto.

Confiesa que por aquel entonces ya le gustaba trastear con la tecnología, montar sus propios ordenadores. Ya sabía que iba a dedicarse a algo relacionado con el espacio, aunque no supiera cómo lo iba a materializar. Como otros tantos, se marchó a la capital de España a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid, una de las mejores del país. Allí vivió con sus tíos y abuelos y en su último año solicitó una beca para hacer su proyecto de fin de carrera en un departamento de la universidad.

Fue entonces cuando sonó el teléfono. Era una entrevista de un departemento de la Universidad para colaborar en proyecto con la Agencia Espacial Europea (ESA), por donde años después pasaría otro jiennense, Luis García Millán.

—Dije que sí inmediatamente y recuerdo que me preguntaron que si no quería esperar a ver si me gustaba el tema antes de aceptar.

No lo pensó y con cierta ironía explica que al final resultó ser sobre física de semiconductores, seguramente lo último que hubiera querido hacer. Reconoce que siempre le pareció "complicadísimo". Pero era un proyecto para realizar modelos de circuitos para radiotelescopios de alta frecuencia, para la ESA y conectado con astrofísica y exploración espacial. No podía rechazarlo.

Cuando terminó la carrera le ofrecieron continuar con el proyecto y aprovechó para hacer el doctorado. 

—En aquella época me interesaba mucho la oportunidad que me brindaba para viajar y conocer otros países a través de conferencias científicas, reuniones de proyecto y estancias en el extranjero. Mis padres no se podían permitir viajar fuera así que yo nunca había estado fuera de España.

Gracias a eso tuvo la oportunidad de ir a reuniones en la Agencia Espacial Europea en Holanda y de pasar unos meses en Italia, en la Universidad de Roma Tor Vergata como investigador invitado. Se llevaba a sus padres, para que conocieran esos lugares y agradecerles, en cierto modo, el esfuerzo que siempre hicieron para que su hermana y él pudieran estudiar sin que les faltara nada.

EL CAMINO A LA NASA

Fue en una conferencia en Suecia en 2005 cuando conoció a un profesor de París que se interesó por su trabajo. Había estado en el Jet Propulsion Laboratory de NASA y le invitó a hacer una estancia en el Observatorio Astronómico de París para trabajar en otro proyecto para la Agencia Espacial Europea.

—Resultó que él tenía todavía una colaboración con el Jet propulsion Laboratory de la NASA. Me ofreció hacer algunos diseños para ellos y cuando terminé la estancia después de seis meses me dijo que por qué no solicitaba irme a la NASA. 

"No me veo preparado, quiero seguir aprendiendo" fue la respuesta de este humilde baezano que optó por acabar el doctorado en Madrid y, después, regresar a la capital francesa. Le insistió una segunda vez, con más ahínco, para que solicitara una beca postdoctoral de NASA. La misma recomendación le hicieron en el centro inglés Rutherford Appleton Laboratory en Oxford. Así que escuchó esas voces y la pidió. Lo hizo a la misma vez que demandó otra beca postdoctoral Fulbright-Ministerio de Educación y Ciencia (también para ir a NASA) sin muchas esperanzas de conseguirlo. Por suerte, le seleccionaron para las becas postdoctorales Fulbright-MEC, una de las becas más prestigiosas del mundo, y así conseguí llegar a NASA Jet Propulsion Laboratory.

—Todavía me acuerdo cómo me temblaban las piernas el primer día al llegar a la puerta principal y ver el logo de NASA con la inscripción: Welcome to our Universe.

Ahora ya lleva nueve años como parte de la plantilla de ingenieros de NASA/JPL y le parece que fue ayer cuando llegó.

—Eso da una ida de lo especial que es trabajar aquí, y estoy enormemente agradecido a NASA por supuesto, pero muy especialmente a la educación pública española y andaluza por haberme dado la oportunidad de cumplir este sueño.

EN LA ANTÁRTIDA Y SUS TRABAJOS ACTUALES

¿Cuáles son los principales hitos de su trayectoria? Para José Vicente Siles quizás el más importante hasta ahora fue el éxito de la misión NASA Stratospheric Terahertz Observatory (STO-2). Era un radio-telescopio que se lanzó desde Antártida en 2016 a la estratosfera, conectado a un globo de Helio del tamaño de un campo de fútbol. Servía para estudiar regiones de formación de estrellas en nuestra galaxia en bandas de terahercios (infrarrojo lejano).

En ese proyecto tuvo la oportunidad de diseñar y liderar uno de los subsistemas del radiotelescopio y de formar parte del equipo que se desplazó a Antártida para integrar y lanzar el radiotelescopio. Estuvo cinco meses en la base Americana McMurdo en Antártida, una experiencia que considera única.

—Pero lo más especial fue ver volar algo basado en tecnología que comencé a aprender durante mi doctorado en Madrid y mis estancias en Roma y París, y que empecé a diseñar en Jet Propulsion Laboratory como becario postdoctoral Fulbright-MEC.

Una de las observaciones que se hicieron con el telescopio durante los primeros días de misión permitió detectar carbono ionizado en la nebulosa Carina a 7.600 años luz de la Tierra. Eso posibilita descubrir regiones de formaciones de estrellas y entender cómo se forman.

Actualmente, su trabajo principal consiste en el diseño e implementación de la nueva generación de receptores de alta resolución espectral en infrarrojo lejano (200 GHz – 4700 GHz, entre 100 y 100 veces más alta frecuencia que un teléfono móvil) para futuras misiones de NASA. ¿Para qué sirve? Para estudiar regiones de formación de estrellas, pero también detectar agua y su composición en cometas y otras lunas del Sistema Solar como Europa en Júpiter y Encelado en Saturno.

Es investigador principal de un proyecto para desarrollar una cámara de alta resolución espectral en terahercios para estudiar agua en cometas. También colabora con el National Institute of Health de EE UU para aplicar esta tecnología para desarrollar nuevos sistemas de imágenes médicas de muy alta resolución que nos permitan ver dentro de las células y así poder ayudar a la detección temprana de enfermedades como el cáncer, Parkinson y diabetes, entre otras. También ha estado colaborando en los últimos dos años en un radar para estudiar la humedad dentro de las nubes con muy alta resolución espacial. Esto refinará los modelos de predicción climáticos. De hecho, ya hay una serie de vuelos programados a finales de año con NASA para realizar experimentos en distintas zonas de Estados Unidos usando el radar desde un avión.

UNA NUEVA MISIÓN: ANTÁRTIDA 2023

—Pero quizá lo más importante ahora es que gracias al éxito de la misión STO-2, hace solo unos días, NASA nos concedió una nueva misión para seguir estudiando regiones de formación estelar dentro y fuera de nuestra galaxia y a la vez estudiar discos protoplanetarios.

También quieren investigar la dinámica del gas durante ese proceso de formación estelar y saber entre otras cosas cómo las supernovas, por ejemplo, condicionan el proceso de formación de estrellas. El 50% de la luminosidad emitida desde el Big Bang se emite en este rango de frecuencias, de ahí su enorme importancia. Sin embargo, la tecnología necesaria para estudiar el Universo en estas frecuencias es complicadísima con lo que todavía hay mucho por descubrir. Esta nueva misión, si todo va bien, será lanzada desde Antártida en 2023 y este baezano estará en ella como manager del proyecto e ingeniero jefe.

—Es todo un orgullo y también una responsabilidad enorme al ser el máximo responsable de la misión junto con el investigador principal, Jorge Pineda, un gran amigo y excelente astrónomo que trabaja conmigo en NASA/JPL.

Repasar la trayectoria de José Vicente Siles es dedicar horas de lectura a cada uno de los retos que hay ido alcanzando con humildad, la misma que le hace reconocer que en Andalucía y España hay muchos científicos brillantes, algunos de ellos trabajando también en NASA/JPL.

—Lo que realmente me interesa es poder transmitir a los jóvenes que si tienen un sueño lo pueden conseguir, que nuestro sistema educativo es bueno y no le tenemos nada que envidiar a las mejores universidades americanas o europeas.

Si él ha podido lograr su sueño, otros pueden también. Y no habla de la NASA sólo. Trabajar en un hospital puntero en investigación contra el cáncer, hacer de físico en el CERN, ser maestro y ayudar a formar e inspirar a las nuevas generaciones... Con esa filosofía, regresa cada cierto tiempo a su casa para dar charlas en colegios e institutos públicos de Madrid y Andalucía donde más de una vez ha escuchado: “Me gustaría ser científico y pensaba que era imposible, pero ahora he visto que puedo conseguirlo escuchándote”.

—Sólo por eso, todo esto merece la pena. No sé si es ser profeta en mi tierra, pero a mí es lo que mayor satisfacción me produce. 

No le gusta hablar de fuga de cerebros. Es de la opinión de que salir fuera, conocer otras culturas y otras formas de trabajar y aprender de otros centros es algo imprescindible en el mundo global actual y la ciencia es uno de los mejores ejemplo de globalización que existen. Hoy en día los grandes descubrimientos se consiguen gracias al trabajo en equipo de mucha gente y de muchas instituciones diferentes.

Considera que hay que fomentar que la gente salga y continúe formándose y luego aprovechar ese capital y recuperarlo de alguna forma para potenciar la investigación y la ciencia en nuestro país. Propone, por un lado, crear centros de investigación punteros que acojan los mejores científicos tanto de España como de fuera y que prioricen el establecimiento de colaboraciones con el talento que se encuentra en el exterior. Por otro, apuesta por abrir la posibilidad de que investigadores punteros en cualquier área que quieran trabajar en España tengan la oportunidad de hacerlo. Y así es como, quizás, otros tantos anhelos y sueños se verían hechos realidad.

Cada uno tenemos nuestra propia NASA y la máxima de José Vicente Siles es que con trabajo se puede conseguir lo que queremos.

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